domingo, 28 de febrero de 2010

CARTA A S.M. EL REY

Señor: Con el debido respeto que me inspira su legitimidad constitucional, me permito hacerle partícipe de una reflexión personal ante la fecha del 14 de Abril, día de la proclamación de la II República Española. Me pregunto el porqué el periodo republicano de 1931 a 1939, está desterrado de todos los calendarios, efemérides históricas y políticas. La legalidad otorgada a la Constitución de la República Española, es idéntica a la Constitución Española actual. Ha sido el pueblo español, en ambos casos, quien ha refrendado la forma de Estado. La legalidad del Rey de España, se debe a la Carta Magna que los españoles consensuaron en 1978. Considero lógico y de normalidad democrática que los eventos acaecidos en el periodo de 1939 a 1975, no se tengan en cuenta porque es un periodo negro de la Historia de España y carente de cualquier soporte legal, ajeno al estado de derecho. La Corona Española, no fue restaurada por una dictadura, sino por una democracia. No por las Leyes Fundamentales, sino por la Constitución. Es verdad que cuando el Rey de España sancionó la Constitución Española, se puso la piedra angular de la reconciliación entre los españoles. Pero no faltamos a la verdad, si decimos que muchos españoles, sin renunciar a su vocación republicana, se adentraron a colaborar y hacer suya la nueva democracia coronada, que todos nos habíamos dado. El borrar de la Historia de España el periodo republicano, es negar un periodo de su historia mucho más progresista, democrático y humano, que las cuatro décadas siguientes. Hemos evocado con orgullo la Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812. Las celebraciones del rey Don Carlos III, del emperador Don Carlos V, de su hijo el rey Don Felipe II, se suceden año tras año. Hay esculturas por doquier de políticos y de nobles, con pasado brillante y menos brillante. Pero de aquellos insignes personajes que durante la experiencia republicana, programaron la reforma agraria, la abolición de la pena de muerte, el voto femenino, los estatutos de autonomía y la enseñanza pública, ni rastro de ninguno de ellos. Si los republicanos de ahora han abrazado la actual monarquía, es de justicia que la monarquía, tuviera algún gesto de reconocimiento, recordando un periodo democrático de nuestra Nación Española. Tan España y tan democrática fue la II República, como el actual Reino de España. La soberanía del pueblo ha sustentado ambos hitos históricos. En nada quedaría mermada la legitimidad del Rey de España, si extrajera de la amnesia histórica, la memoria republicana. Bien es verdad que el Rey está en su derecho de pensar que fue la República, la causante de la ruptura monárquica española y fue la Dictadura quien propició la instauración de la monarquía. Pero finalmente tuvo que ser el pueblo, en quien reside la soberanía, el que legitimó al nuevo monarca. Esto permitió reconciliar al pueblo con la institución. Creo, no obstante, que el Rey de España actual, disfruta de más adhesiones personales que la institución histórica. Por todo ello, no acierto a comprender porqué es contrario y antagónico a la institución monárquica, rendir homenaje histórico a mujeres y hombres que dentro de la opción republicana, dejaron huella imborrable y sirvieron de ejemplo al mundo de aquella época. Una ensaladera de loza con la alegoría republicana, escondida en la alacena de un pueblo de Castilla durante la Dictadura, pende de los muros de la casa de mi familia. Al lado, en la misma pared, se encuentra un cuadro del Rey y de la Reina, con sendos autógrafos. Yo lo he considerado como una forma nimia de unir dos épocas separadas por una guerra fratricida y un régimen despótico. Es un humilde homenaje a la ignorada República Española. Deseo larga vida para el Rey y su familia. ¡Salud!

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