TRES ENCICLOPEDIAS PARA TRES ESPAÑAS (Ensayo)


REPÚBLICA



Texto 1.- La ENCICLOPEDIA de Grado Medio, se editó en 1935. Esta edición es de 1936. En su página 586, habla de los Deberes para con Dios. El texto está a la altura de la Constitución de la II República Española. Constitución y Educación es el binomio para entender las pretensiones republicanas.

POST-GUERRA



Texto 2.- La ENCICLOPEDIA ESCOLAR Tercer Grado. Este ejemplar era su cuarta edición. Huesca, 29 de Febrero de 1940. Contiene el diseño educativo de la Post-Guerra. También habla de Dios: NIHIL OBSTAT. El censor Dr. Vicente Tena, canónigo. IMPRIMATUR. LINO, Obispo de Huesca. A.A. de Barbastro. Por mandato de S. E. Rvdma., el Obispo, mi señor, Dr. Benito Torrellas. Secretario. Editorial Luis Vives. Es un diseño educativo basado en la Cruzada de Liberación.


DICTADURA



PERFECCIONAMIENTO. LIBRO IV DE LABOR ESCOLAR. Este ejemplar corresponde al año 1955. Es la ENCICLOPEDIA de la Dictadura. Y también habla de Dios: “Los temas de Historia Sagrada y de Religión podrá orientarlas el Maestro según las instrucciones emanadas de los Ordinarios respectivos”. En esa época los Ordinarios eran los obispos o bien la autoridad eclesiástica del lugar. La educación estaba basada en la consumación del  Nacionalcatolicismo.

LA RECONCILIACIÓN NO ES POSIBLE

La reconciliación de un pueblo comienza, cuando el vencedor se olvida que lo ha sido y pide perdón, y el vencido no guarda rencor. En España, la Constitución de 1978, ha reconciliado a nuestro pueblo en lo puramente formal, pero no en lo personal. No son pocas las señales que demuestran, que los vencedores y vencidos, no olvidan, los unos la victoria y los otros, la pérdida de la guerra y su ilusión republicana. Si los republicanos hicieron mucho mal en el breve periodo de la II República Española, los contrarios, les hicieron purgarse del espejismo de la nueva España secular y atea. Los unos soportaron la República del 1931 al 1936 y los otros se enfrentaron a ella, durante los tres años más sangrientos de nuestra reciente historia. Eso sí con la denominación de Santa Cruzada de Liberación. Y además, por si había alguna duda de que habían perdido la guerra y que eran los malos del episodio, se implantó un Caudillo por la Gracia de Dios para perpetuar la salvación de la patria. A estos periodos cada cual les denomina, como le parece, prueba inequívoca de que no hay reconciliación entre los protagonistas del mismo conflicto histórico. En el periodo de 1975 a 1999, sólo en lo legal, existe reconciliación. Un cierto sector de los representantes políticos, prestaron cierta resistencia a homenajear a los brigadistas que lucharon en el bando republicano. Los caídos por Dios y por España, es decir los vencedores, se han homenajeado durante más de cuarenta años. Recientemente, una buena parte del Congreso de los Diputados, se negó a condenar y llamar por su nombre al golpe de estado propiciado para derrocar la República, legalmente constituida. Un antiguo centinela de un campo de concentración franquista, declaraba en TVE, en tono jocoso, cómo disparaba a los presos que intentaban huir y “caían como conejos”.
Es importante tomar y leer las dos enciclopedias editadas al límite de los dos periodos. La Enciclopedia Republicana, año 1932 Texto I y la Enciclopedia Franquista, año 1940 Texto II. Si tomamos los textos más comprometidos en cada periodo, encontraremos más motivos para ver cada vez más lejos la reconciliación real. Los herederos de cada legado, siguen defendiendo las mismas premisas.
Texto I. Capítulo Historia de España. En la página 397, podemos leer: “La República.- A consecuencia de la pérdida de las libertades cívicas durante tantos años, el pueblo exteriorizó su protesta contra el Régimen en unas elecciones municipales celebradas el día 12 de abril de 1931. Y el día 14 fue proclamada en toda España la República Española, en medio de un entusiasmo muy grande y sin que se produjera ningún desmán”.
En el capítulo Educación Social, Página 586, se puede leer: “El amor a Dios.- Dios es el autor de nuestra vida; a nadie debemos, pues, con tanta justicia, amor, respeto y veneración. Dice Fray Luis de Granada que el Amar a Dios da grandeza; el reverenciarle humildad.”
En el capítulo de Moral Cívica, páginas, 601 y 602, podemos leer lo siguiente. “Actos contra el trabajo.- No debemos realizar actos contra el trabajo, o sea: no hay que destruir máquinas ni herramientas del trabajo, ni realizar actos de violencia contra los trabajadores, La paz social.- Hay que procurar que el trabajo sea estimado y respetado por todos y que patronos y trabajadores sientan, satisfechos, su condición de tales, y se completen y estimen como partes que son de una misma actividad.”
Texto II. Capítulo de Historia de España. Página 359. “Alzamiento Nacional.- El asesinato de Calvo Sotelo fue la chispa que prendió el combustible acumulado por tantas indignidades. El 17 de julio de 1936 se alzó el Ejército de Marruecos, y en los días 18 y 19 el Ejército y los patriotas de todas las provincias. El general Franco, por un prodigio de capacidad y de audacia, hizo pasar las tropas de Marruecos a la Península y empezó la guerra de liberación y regeneración de España”. Página 362, se puede leer: “Los gobernantes y dirigentes han laborado sin descanso para resolver ese arduo e interesante problema, atemperando sus resoluciones a los dictados de la justicia, a las sabias normas dadas por la Iglesia y al historial cristiano de nuestra legislación en pro del obrero”. Capítulo Historia de la Iglesia. Página 43. Se puede leer: “Enemigos de la Iglesia.- Hoy como siempre tiene la Iglesia que luchar contra irreconciliables enemigos: judíos, masones, ateos, racionalistas, modernistas, etc., los cuales, con discursos, libros, folletos y artículos en la Prensa, impugnan continuamente su moral, doctrina y jerarquía. Pero, según la promesa de su divino Fundador: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.
Los comentarios y las conclusiones quedan para el lector.
La reconciliación hubiera comenzado, si el Congreso de los Diputados, por unanimidad, hubiera condenado el golpe de estado del 18 de Julio de 1936 y la guerra que produjo, durante los tres años siguientes. De este modo, los hijos de los perdedores hubieran visto un acto reflejo de perdón correspondido. Es verdad, no obstante, que aquellos años fratricidas, donde muchos abeles fueron asesinados por otros tantos caínes, sigan denominándose con epítetos como: Santa Cruzada, Guerra de Liberación Nacional, Triunfo sobre el comunismo ateo, etc. Es demasiada carga semántica como para renunciar a tanto triunfo y victoria. La España vencedora está muy lejos de pedir perdón, y de hecho, otros españoles llenan de contenido muy diferente, esos mismos eventos: Golpe de estado, guerra civil, represión de la post-guerra, genocidio, dictadura militar, o simplemente, dictadura. Mientras el hijo de un vencedor y el hijo de un vencido, no denominen estos acontecimientos, de una misma manera, nada habremos avanzado en el campo de la reconciliación real. Como por ejemplo, leemos en una enciclopedia francesa: “El 14 de Abril de 1931 se proclama la II República y, en diciembre, se promulga una nueva Constitución”. Y en otro lugar dice: “El 17 de julio de 1936, el ejército de Marruecos y Canarias se subleva contra la República. Estalla una guerra civil que durará 3 años. Al final, los rebeldes, mandados por el general Franco, toman el poder”. La derecha seguirá retomando la antorcha victoriosa de los años de la guerra caínica y del régimen heredado de aquel enfrentamiento fratricida. Y la izquierda que gobernó España después de 46 años, asumió el papel de perdedora, aunque reconciliada con la constitución. En la actualidad, en no pocos municipios, son muchos los conflictos habidos por los símbolos que conmemoran aquellos eventos triunfantes para unos y humillantes para otros. La Iglesia, podría y debía ser un lugar de encuentro y de esperanza para la reconciliación. Pero está demasiada anclada en el pasado y no quiere renunciar al poder residual que le permite su maridaje eterno con los vencedores. Discutiendo ahora quién debe pedir perdón primero, no aporta gran cosa a la causa. Por otro lado las canonizaciones de una pléyade de santos mártires de las hordas ateas y comunistas, nada aportan a la reconciliación.
Reconciliación es reconocimiento mutuo y asunción de todas las historias. En nuestro país, hasta que no haya una aceptación de los activos y pasivos de todas las etapas anteriores por parte de los actuales herederos, no habrá reconciliación auténtica. Se podría celebrar el 18 de Julio de 1936, si recordamos, con anterioridad, los eventos del 14 de Abril de 1931. Mientras las dos Españas, no se fundan en una, con todas sus circunstancias, olvidemos la reconciliación. El día que el Rey de España, se reconozca tan legítimo heredero de la España del Movimiento Nacional, como de la España Republicana, habremos dado un paso de gigante. Porque hay que superar lo formal. Don Juan Carlos I, ha sabido reconciliarse con los herederos del franquismo y con aquellos que sin renunciar a la República, han sabido aceptar la Constitución, pero, por qué no avanzar más. Hasta ahora, los gobiernos de izquierdas, han propiciado el recuerdo republicano oficiosamente, dentro del respeto a la democracia coronada que el pueblo español se ha otorgado. Los gobiernos de la derecha, sin embargo, encuentran más difícil liberarse de su añorado pasado, aunque también, han aceptado la Constitución. En ambos casos, no hay garantía de reconciliación personal, porque siempre debe ser “el otro” el que ceda.
Es muy difícil llegar a una conclusión, sobre todo para un futuro. Pero aquellos que soportaron la República, sin aceptarla, se adhirieron, sin reserva a la salvación de España a través del Alzamiento Nacional. Una vez ganada la guerra, la tolerancia que la República tuvo con ellos, éstos no la tuvieron con los republicanos perdedores. Durante los primeros y sucesivos años de la Dictadura o Movimiento Nacional, persiguieron a matar a todo disidente, que no fueron pocos. Pero aquellos que se adaptaron porque no tenían otro remedio, fueron tachados de chaqueteros. No obstante, los que, estando en contra de la república, ganaron la guerra, en todo momento han podido expresarse tal cual ha sido su deseo. Una paradoja se nos presenta ante nuestros ojos. En nuestros días, a sesenta años del final de la Guerra Civil y cerca de setenta de la proclamación de la República, todos podemos expresar nuestra particular forma de ver la Historia. Sin embargo aquellos españoles que tuvieron que mentir por supervivencia, algunos hoy, no les permiten el derecho a la libertad de reconocer que aquello que callaron, entonces, era delito el haberlo declarado y ahora digan que lo que digan ellos, la democracia se lo permite.
Por último, el autor de esta reflexión, es hijo de un miliciano que durante la Guerra Civil, se alistó voluntario, habiéndose librado del servicio militar obligatorio, en Madrid, en el cuartel del paseo de la Reina Cristina, en Intendencia. Después del corte de Cataluña, se pasó a Francia y allí estuvo nuevo meses, en un campo de concentración, vigilado por soldados de las colonias francesas del África negra. Senegal más concretamente. La República Francesa, no se distinguió por prestar a los republicanos españoles un trato exquisito. Al final regresó con un salvoconducto, firmado por personas solventes y respetables ante las nuevas autoridades. El pasado inocuo de mi padre, fue el verdadero aval que le permitió volver a Madrid. Los vencedores le recibieron, echándole en cara su presencia en el bando republicano y su exilio en Francia. La ausencia de reconciliación en sus rostros, sigue hoy. Cuando ahora se comenta que el condenar el golpe de estado militar de Franco, es recordar la época de los fenicios y se comenta que no se debe remover el pasado, siento un atropello a mi sensibilidad. Soy hijo de una víctima de aquellos que no quieren condenar ahora, aquel acto que ellos, han recordado durante más de sesenta años, día tras día. ¿Cómo me reconcilio con quien no desea olvidar, ni perdonar? Mientras ellos sean los eternos verdugos, yo estaré siempre con la memoria de mi padre. Pedro Taracena Gil

Publicado en EL PAÍS digital 10/11/1999.

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